Un superyate acaba de cruzar Ormuz ante la mirada atónita de EEUU e Irán. Su bandera ha confirmado que las minas no son para todos
En 2019, durante una de las mayores tensiones recientes en el Golfo Pérsico, varias aseguradoras marítimas elevaron tanto sus primas que algunos armadores optaron por mantener sus barcos fondeados durante semanas antes que cruzar ciertas rutas consideradas demasiado peligrosas. En paralelo, otros bu

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En 2019, durante una de las mayores tensiones recientes en el Golfo Pérsico, varias aseguradoras marítimas elevaron tanto sus primas que algunos armadores optaron por mantener sus barcos fondeados durante semanas antes que cruzar ciertas rutas consideradas demasiado peligrosas. En paralelo, otros buques siguieron navegando con relativa normalidad gracias a detalles aparentemente menores como su registro o la documentación que portaban, dejando claro que, incluso en los momentos de mayor incertidumbre, no todos los barcos juegan con las mismas reglas.
Un paso estratégico convertido en embudo global. Lo hemos ido contando. El Estrecho de Ormuz, por donde normalmente circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial, se ha transformado en uno de los puntos más tensos del planeta tras el estallido del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, con el tráfico desplomado desde más de 130 buques diarios a apenas unas decenas y cientos de barcos atrapados a la espera de condiciones seguras.
La situación ha disparado los precios energéticos y generado un efecto dominó en el comercio global, mientras Teherán exige permisos para cruzar y Washington amenaza con interceptar determinados movimientos. En ese escenario, atravesar ese cuello de botella se ha convertido en una operación cargada de riesgos militares, legales y económicos.
O quizás no tanto.
Un superyate que desafía el bloqueo. Porque en medio de ese colapso, el Nord, un superyate de lujo valorado en algo más de 500 millones de dólares y vinculado al oligarca ruso Alexei Mordashov, logró lo que muy pocos han conseguido en las últimas semanas: cruzar Ormuz desde Dubái hasta Omán sin incidentes.
Con más de 140 metros de eslora, varias cubiertas, piscina, helipuertos y hasta un hangar convertible, su travesía no solo contrasta con la parálisis general del tráfico marítimo, sino que lo convierte en una anomalía llamativa en un entorno donde incluso grandes petroleros prefieren no arriesgarse. Su recorrido, monitorizado en tiempo real, siguió rutas que otros barcos han utilizado con algún tipo de coordinación en la zona, aunque sin confirmación oficial sobre permisos.
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Un superyate acaba de cruzar Ormuz ante la mirada atónita de EEUU e Irán. Su bandera ha confirmado que las minas no son para todos
Publicado por Xataka