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Hace casi 2.000 años los romanos ya se volvían a casa de sus viajes con souvenirs. La mejor prueba estaba oculta en Soria

Probablemente lo hayas hecho más de una vez. Te vas de vacaciones a Cancún, Florencia, Barcelona o esa playa que tanto te gusta y una vez allí decides comprar un souvenir para llevártelo a casa. Quizás un imán para la nevera o una figurita para el salón. Parece un gesto de lo más moderno, pero hace

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Xataka
25 de abril de 2026·3 min de lectura
Hace casi 2.000 años los romanos ya se volvían a casa de sus viajes con souvenirs. La mejor prueba estaba oculta en Soria

Image: Xataka

Probablemente lo hayas hecho más de una vez. Te vas de vacaciones a Cancún, Florencia, Barcelona o esa playa que tanto te gusta y una vez allí decides comprar un souvenir para llevártelo a casa. Quizás un imán para la nevera o una figurita para el salón. Parece un gesto de lo más moderno, pero hace casi 2.000 años los romanos que se movían por el mundo ya hacían algo muy parecido, aunque no exactamente como turistas. Lo sabemos gracias a una vieja copa de bronce encontrada en Berlanga del Duero, un pequeño pueblo de Soria.

A simple vista parece un 'vaso' más, pero en realidad está conectado con una de las mega construcciones romanas más fascinantes de todos los tiempos.

En un lugar de Soria… La arqueología avanza gracias a horas de estudio y trabajo de campo. También (en ocasiones) por puros golpes de suerte. Ocurrió hace un tiempo en Berlanga del Duero, una localidad de 800 habitantes situada en Soria. Allí, "de forma fortuita", los historiadores han encontrado una copa romana, un pequeño cuenco hemisférico de bronce con esmaltes.

Los estudios la han fechado en el siglo II de nuestra era. Dicho así quizás no parece gran cosa (cuencos romanos tenemos muchos afortunadamente y los hay más grandes, fastuosos y antiguos), pero la pieza de Berlanga tiene algo especial: es un souvenir romano que en su día recorrió más de mil kilómetros.

Section Of Hadrian S Wall 1

¿Un recuerdo para viajeros? Más o menos. Los arqueólogos creen que la copa de Berlanga es "un recuerdo traído a la península por un militar celtíbero", como explican desde el CSIC. Su propósito no era (solo) servir como un cuenco más. También tenía un valor simbólico, similar al que nosotros podemos darle en 2026 a las figuras que nos traemos tras un viaje a Japón, Italia o esos recuerdos que nos ayuda a evocar los meses que estuvimos de Erasmus en Berlín.

Si tenemos en cuenta que la pieza se fabricó hacia el siglo II d.C. lo anterior sería suficiente para destacarla sobre el resto de copas que conservamos de la antigua Roma, pero la pieza recuperada en Soria tiene otro valor extra: su origen. 

La clave: el Muro de Adriano. La pieza está ligada al Muro de Adriano, la fortificación romana iniciada en tiempos del emperador Adriano para proteger la provincia de Britania de las incursiones de los pictos. El vínculo lo hemos podido establecer gracias a dos datos. Primero, su origen. La copa se realizó con metales que seguramente salieron de las minas de Gales o Durham. Segundo, los detalles que decoran el vaso, que incluyen guiños a la fortificación militar romana.

"Recuerdo de…" No importa que sean de Barcelona, Milán, Nueva York o cualquier otra ciudad del mundo, los recuerdos para turistas siempre suelen compartir una característica: incluyen el nombre del destino y alguno de sus iconos más visitados. El famoso "Recuerdo de XXX" acompañado de una silueta de la Sagrada Familia, el Duomo o el Empire State. En la copa de Berlanga ocurre algo parecido. Además de los esmaltes, su decoración representa el Muro de Adriano "a través de un friso jalonado con torretas", aclara el CSIC.

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Hace casi 2.000 años los romanos ya se volvían a casa de sus viajes con souvenirs. La mejor prueba estaba oculta en Soria

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