EEUU resucitó el "derecho de presa" para capturar un barco procedente de China: el problema es que China ha tomado nota
En plena Segunda Guerra Mundial, varios barcos mercantes neutrales que cruzaban el Atlántico eran interceptados y desviados a puertos británicos sin llegar a ser hundidos, donde jueces especializados decidían su destino semanas después. Aquel proceso casi burocrático convertía cada captura en un asu

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En plena Segunda Guerra Mundial, varios barcos mercantes neutrales que cruzaban el Atlántico eran interceptados y desviados a puertos británicos sin llegar a ser hundidos, donde jueces especializados decidían su destino semanas después. Aquel proceso casi burocrático convertía cada captura en un asunto legal además de militar.
El regreso de una ley enterrada. La semana pasada contamos cómo se dio la captura del buque M/V Touska por parte de Estados Unidos en el Golfo de Omán, una acción que ha devuelto al primer plano una herramienta jurídica que llevaba décadas fuera del debate real: el derecho de presa.
Este mecanismo permite interceptar y, si se valida legalmente, apropiarse de barcos civiles en contexto de guerra, algo que no se aplicaba de forma relevante desde mediados del siglo XX. La operación no se limita a una acción militar puntual, introduce un cambio en cómo se puede ejercer el control sobre el comercio marítimo en un conflicto abierto.
Qué significa realmente. Este marco legal se activa únicamente en situaciones de guerra y establece que un buque puede ser capturado si viola un bloqueo, transporta material útil para el enemigo o se niega a ser inspeccionado. Tras la captura, el barco es llevado a un puerto bajo control del captor y sometido a un proceso judicial específico.
Finalmente, si el tribunal considera que la incautación es legítima, el barco y su carga pasan a manos del Estado que lo interceptó, lo que convierte una operación naval en una herramienta con consecuencias económicas directas.
Cómo se utilizó en el pasado. Durante la Segunda Guerra Mundial, este tipo de normas formaban parte del funcionamiento habitual de la guerra naval. Las potencias implicadas interceptaban buques mercantes en alta mar para evitar el suministro al enemigo, especialmente en rutas estratégicas del Atlántico.
Muchos de esos barcos eran llevados a puertos controlados y sometidos a tribunales de presa, que decidían si debían ser confiscados, liberados o destruidos. El sistema permitía debilitar al adversario sin necesidad de hundir todos los barcos, integrando la dimensión legal en la estrategia militar.
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EEUU resucitó el "derecho de presa" para capturar un barco procedente de China: el problema es que China ha tomado nota
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